El Prado y Moneo celebran 10 años de su nueva vida

10 años de la ampliación del prado de Rafael Moneo

Desde que en 2007 se inaugurase la ampliación más significativa de sus casi 200 años de historia, el Museo del Prado ha conseguido pasar del siglo XIX al XXI y dejar de ser un espacio infravalorado y sin infraestructuras propias de una institución cultural de referencia. La reforma de Rafael Moneo, que celebra su décimo aniversario este otoño, cambió el día a día del museo. “Esta es la ampliación más importante que se ha realizado. Ha envejecido de maravilla. Sin ella, el museo no estaría donde está ahora. Todo se ha disparado”, ha sostenido, este lunes, Miguel Falomir, director del Museo del Prado, durante la presentación del libro Museo Nacional del Prado, Rafael Moneo, 2007-2017.

Esta publicación reflexiona sobre la entidad arquitectónica y museística a través del estudio de Jorge Fernández-Santos, el ensayo fotográfico de Joaquín Bérchez y un texto de Beatriz Lumbreras que hace patente la transformación vivida por la institución durante esta década. “Indudablemente no era un problema fácil de resolver”, ha subrayado Moneo. “El Prado ha cambiado sustancialmente porque las distintas ampliaciones habían ido depositando en su espalda intervenciones que lo desvirtuaban. Entender lo que había sido el edificio de Villanueva supone reconocer que se trata de un espacio atentísimo a la topografía de Madrid”. Así lo demuestran algunas de las fotografías que conforman la exposición Por el Prado de Moneo, que podrá visitarse en el Claustro de los Jerónimos hasta el 28 de enero.

El 30 de octubre de 2007, los reyes Juan Carlos y Sofía inauguraron esta ampliación que une el edificio Villanueva con un complejo formado por una construcción de nueva planta y el Claustro restaurado. La misma incorporó 15.715 metros cuadrados de superficie (un incremento del 50% respecto a los que tiene su sede histórica) y permitió disponer de los espacios y de las instalaciones adecuadas para el desarrollo de su actividad. “Me gustaría pensar”, ha añadido Moneo, “que ha ayudado a que la gente sienta el museo de forma más cercana y accesible”. Los últimos datos así lo atestiguan: si bien el año anterior a la misma se contabilizaron 2.165.581 visitantes, en 2016 ascendieron a 3.033.754, lo que supone un 40% más de afluencia.

El edificio, en cambio, no hay que observarlo como una obra de arquitectura aislada, autónoma o independiente, sino como un espacio integrado en la ciudad y formado tanto por la construcción central como por el Casón del Buen Retiro y, si los presupuestos lo permiten, por el Salón de Reinos, diseñado por Norman Foster y Carlos Rubio. “Debemos aceptar esta condición tan fragmentada de oficinas integradas en la ciudad”, ha señalado Moneo sobre este elemento que permite diferenciar al Prado de otros museos internacionales como el Louvre o el Metropolitan. “No hay ninguna institución en Madrid con semejante patrimonio artístico y con dos premios Pritzker”.

Sobre la próxima ampliación del espacio con la rehabilitación del Salón de Reinos -cuyas obras están previstas para octubre de 2018-, Falomir ha mostrado su deseo de seguir contando con el respaldo político, a pesar de que los presupuestos generales estén pendientes de aprobación. “Si no se aprueban, se prorrogarán los anteriores. En estos no había ninguna partida prevista. Quiero pensar que si no se puede, se recuperará el tiempo perdido”. No obstante, el museo continúa trabajando con obras que corren a cargo del presupuesto ordinario de la pinacoteca. “El Salón de Reinos era un lugar que tuvo mucha importancia en el Palacio del Buen Retiro. Cualquier uso que se le dé permitirá a los visitantes sentirse parte sin necesidad de perderse”.

Además, están trabajando en la conversión del actual espacio donde se ubica el Tesoro del Delfín -que a partir de febrero se trasladará al toro norte de la segunda planta, junto a la pintura flamenca y holandesa del XVII- para dedicarlo exclusivamente a la historia de la arquitectura de la pinacoteca, como ya tienen otros museos como el Louvre. “Son unas salas que acogerán las maquetas, documentación que ha ido apareciendo y fotografías antiguas desde el siglo XIX hasta nuestros días”. Otra novedad es la digitalización de todo el archivo documental de su historia, que estará disponible en su web a partir del 27 de noviembre. “Todavía hay mucha gente que dice que invertir en cultura es un capricho o una frivolidad. Invertir en cultura es tan absolutamente necesario como en infraestructuras viales.

Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2017/10/30/59f755e5e5fdea0a538b45bd.html

 

El Prado y Moneo celebran 10 años de su nueva vidaManuel Cadierno
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